Gran mentira histórica sobre estatura de Napoleón Bonaparte: un mito británico


Escena de ficción que muestra a Napoleón Bonaparte junto a la Guardia Imperial. (Cortesía)

ESPAÑA.- El «pequeño corso». Este es, sin duda, el sobrenombre más famoso de todos aquellos que tenía en su haber Napoleón Bonaparte -más conocido por ser el general francés que puso a sus pies a media Europa y a una buena parte del norte de África-.

El apodo no era arbitrario, pues hacía referencia a lo poco que se elevaba del suelo su figura. «Gran estratega sí, pero de pequeña talla», que podríamos decir. Sin embargo, la realidad choca con el mito, pues la altura del emperador galo –tal y como pudo conocerse según su autopsia- era exactamente de 1,68 metros, por encima de la media de sus conciudadanos allá por la época en la que dio guerra: el siglo XIX.

A nivel internacional, hablar de este (no tan) pequeño hombre es hacerlo también de un genio militar que logró que Francia se expandiera por medio globo. Y es que, -entre otras cosas- venció a los piamonteses y a los austríacos en Italia cuando apenas contaba 27 años. Todo ello, logrando transformar un ejército harapiento y famélico en un contingente de héroes ansiosos por servir a su país.

De hecho, en tan sólo quince días logró hacerse con una cantidad de terreno mayor que la que había conseguido para sí el antiguo «Ejército de Italia» en cuatro campañas. «Soldados, habéis en quince días ganado seis batallas […] tomado muchas plazas fuertes y conquistado la parte más rica del Piamonte, […] y os doy las gracias por ello», dijo en una ocasión a la tropa.

Más célebres aún son sus victorias en Egipto, donde –a pesar de que derrotó a los mamelucos (quienes controlaban la región y a sus ciudadanos con puño de hierro)- se sintió abrumado por toda la Historia que albergaban aquellos desiertos propiedad, en su día, de los faraones.

No en vano, cuando vio los gigantescos monumentos milenarios de piedra que hacían las veces de tumbas solamente pudo decir una frase a sus hombres: «Desde lo alto de esas Pirámides, cuarenta siglos nos contemplan». Lástima que de nada le valieron sus continuos triunfos en la región, pues los ingleses acabaron venciendo a su flota por mar. Un pequeño contratiempo que no significó nada para Napoleón, quien volvió a Francia y fue recibido como un héroe.

Cortesía: ABC

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